[Vida Sedentaria] Capítulo II


Maldita sea.



Ella vuelve

Lo que pasé casi un año esperando, cuando consigo no depender de ello sucede, tal como sentía que pasaría, maldita sea.

Ahora estoy acojonado; primero desee que no estuviera pasando, a la vez que entraba en un fuerte shock. Esa noche no me pude dormir hasta pasadas las seis de la mañana, el dolor de cuello era mucho más fuerte de lo habitual, estaba tan hinchado que me costaba respirar.

Joder.





En poco más de un día pude ver la parte positiva y estar feliz, pero aun no he podido asimilar del todo esta información, en el punto en el que estoy ahora, pienso demasiado, me emparanoio, me dejo torturar un poco por mi mente, y no mola, por el amor de Dios, mis días dan asco; son una guarrada, un pésimo y triste esfuerzo perpetuo por colocarme más y más, pero sin lograr hacerme dejar de sentir este amargo e intenso desagrado. Mi mente se nubla, mis conexiones hacia todo se bloquean y mi cuerpo ya se resiente de este último mes desayunando té verde con porros y acostándome fumando, cayendo rendido al sueño con él en mi boca.

Me sale la última muela del juicio, tengo toda la zona inflamada y me duele al abrir la boca, fumar aumenta el hinchazón, y tengo que comer por el otro lado, que es el lado malo, mi moribunda y mal empastada muela inferior está al límite, nunca mastico con ella porque me duele y ahora tiene que hacer todo el trabajo. Desde hace dos semanas después de cada comida mi estomago ruge como si unas mariposas diabólicas, carnívoras y muy hambrientas y ansiadas de libertad, luchasen por escapar de mi aparato digestivo a base de devorar su túnel de salida.

Maldita sea mi condición, que me mantiene preso voluntario por cobardía, esclavo por pasión; aturdido, esperando el momento para actuar y mientras este no llega todo lo demás se mantiene en movimiento, acercándose y alejándose consecutivamente sin seguir ningún orden o patrón que pueda reconocer. ¿Cómo afrontar tu vida, futuro o día a día cuando todo lo que deseas dentro de todo el universo conocido es a la vez absolutamente todo lo que no puedes conseguir? ¿Cómo ser capaz de ver las luces a nuestro alrededor cuando tus ojos se mantienen fijos apuntando hacia la dirección prohibida, perdiéndose en ella y causando esa tan famosa ceguera?

¿Cómo lograr el coraje para atender estas graves heridas, inevitablemente ignoradas por aprendizaje y que duelen desde la profundidad del pecho o el estomago y que pueden subir al cuello?

¿Cómo aceptar unas condiciones de partida que me dejan en una desventaja tan evidente y ridícula?

Puedo formular muchas preguntas pero solo hay una respuesta.



Maldita sea mi condición.


Poco a poco me alejo de esta fuerte conexión con el mundo donde vive la música, de este flujo perpetuamente abierto de la creatividad del que estoy tan orgulloso de haberme conectado al fin. Sé que al retomar ligeramente el equilibrio volverá.





Negué mi oscuridad, pretendí extirpármela para salir de mi depresión y creí haberlo hecho; lo que me llevó hacia el más terrible de los bosques en los que me he perdido. Se pueden cambiar cosas de uno mismo, pero antes se necesita de aceptación para construir a partir de tales condiciones; el enfado y la negación a la hora de tomar una decisión así convierten el supuesto ritual de liberación en un atentado hacia tu propia persona. Maldita sea.


He aprendido que hay algunas cosas que inevitablemente, si hablas de ellas te cagas en ellas.

Sin embargo hay otras que si no hablas de ellas obtienen poder y pueden adquirir demasiado control sobre uno mismo.


No quise encontrar la luz tan pronto, maldita sea; yo quería aprender a nadar entre esa condensada masa negativa y permitir que me engullera cuando creyese que era la hora. ¿Ahora qué? Quiero lograr algo, tener una jodida vida; yo no contaba con querer vivir, esto es nuevo para mí y no sé cómo enfocarlo. Maldita sea.

Supongo que habría podido ser peor si hubiera seguido ese camino; y mientras pienso en dónde puedo encontrar otro papel pequeño arrugado ya he perdido todo el sueño, y no se me ocurre ningún otro posible cobijo que acoja la reconfortante pieza que me queda para completar el puzle que supone la gestación y nacimiento de cada canuto.

Y mientras sigo pensando dónde puedo encontrar otro papel pequeño arrugado, ya he perdido el interés en escribir, por lo menos hasta que no busque un poco.

¡He encontrado un puto librillo de raw casi entero!

¡porro!

La de noches que me he quedado sin fumar mientras este librillo esperaba el azar de nuestro encuentro, mi tan desarrollada desesperación que me permitiera ascender a un estado de lucidez en el que el encuentro fuera posible.

Mientras enciendo mi “L”, torno mi cabeza hacia la ventana esperando los primeros rayos de Sol, pero todavía no se dejan ver, escucho Joy Division, profundizo por primera vez en su obra y encuentro en ella todo lo que siempre supe. Y me fascina. Cuanta proximidad.






Ella vuelve, y yo no sé cómo demonios enfocarlo.


Me martirizo demasiado, poco comparado con como solía hacerlo pero más de lo que quisiera, aunque es normal; aún sabiendo que no tengo nada por lo que preocuparme, que simplemente tengo que dejarme guiar por lo que sienta en la tripa y tener una actitud positiva y abierta.


¿Habré perdido el control otra vez?

¿Otra vez?

Yo ya no sé.

Pero pensar en cómo nos sentiremos la próxima vez que toquemos juntos, que mezclemos nuestras voces; despeja las nubes enturbiadas asentadas sobre mi espíritu durante un rato, y me inunda con una ola de enorme felicidad que logra ponerme los pelos de punta. Es una sensación tan mágica y de una luz tan pura que logra ahuyentar los colores rojo, azul y negro.

Imagino y divago, pienso y siento, sentado en mi cuarto con los primeros rayos de Sol sobre el techo; el canuto aun dura, sigo sin sueño, me podría dormir pero en realidad no quiero, Joy Division sigue emergiendo desde mi estéreo.

The Last Time





4


Hijo, hoy te voy a mostrar algo que ha permanecido como herencia de nuestra familia desde generaciones enteras. No estoy muy seguro de donde proviene, pero mi padre, y su padre antes que el, aseguran que de un tiempo anterior a que los hombres conquistaran las galaxias, mucho antes de la división del imperio y mas allá de toda memoria escrita.

Me pregunto que clase de objeto es

Oh no, no es ningún objeto, nada hubiese podido sobrevivir tantos millones de anos sin deteriorarse. Es una canción.


3


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[Random Alternative File Reproduction]

...

[Reproduction Manually Cancelled]

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2


Dos técnicos se encontraban delante de una especie de armario de color blanco, en una enorme sala llena de ellos cuyo final no parecía apreciarse a simple vista. Nos encontramos bajo tierra, varios kilómetros bajo la tierra de unos de los planetas que constituyeron el corazón tecnológico y cultural de lo antiguamente conocido como Imperio.

 - Ya está, esta seguramente sera la ultima copia de seguridad nunca hecha de todos los archivos pertenecientes a los tiempos primitivos.

 - Es una pena, aunque nadie consulte nunca esto, son necesarios miles de millones de anos de esfuerzos para mantener viva toda la cultura, por nimia que sea en comparación, de los primeros instantes de nuestra especie, pero solo unos siglos de irresponsabilidad para que se pierda para siempre en el olvido.

 - Me pregunto de que hablarían esas gentes, tan al principio de los tiempos.

Pero su compañero seguía con sus disquisiciones políticas.

 - Es que no me creo por ningún lado que no haya presupuesto, que es en comparación unos pocos hetzabites de información con toda la información inútil que se amacena diariamente.

 - No se trata del presupuesto, es el desencanto general, la perdida progresiva del sentido común de humanidad.

 - Eso ha sonado muy filosófico.

 - Pero es verdad, si no hubiese sido ahora hubiese sido dentro de mil anos, pero algún momento tenia que ocurrir. La humanidad esta cansada de vivir, y de recordar, hay demasiado dolor en el pasado.

 - Otra explicación es que simplemente a nadie le interesa lo que hacemos.

 - ¿Es que tu, has mirado leído o escuchado alguna vez alguno de los archivos que hay aquí realmente, algún libro, articulo, imagen, fragmento del gran conocimiento a punto de ser para siempre perdido y que aparentemente tan importante te resulta ahora mismo?

 - Bueno, siempre hay una primera vez.

 - Y una última. Que te parece este archivo, es un audio en un viejo formato y tiene misteriosamente alguna reproducción, no como ese gran mar de ceros y ceros. ¿Le damos una oportunidad?

 - Quizás tenga algo de especial.

 - O quizás sea solo una anomalía o tenga coordenadas probables para el sistema Fischer de reproducción aleatoria.

 - Quizás.







- ¿Que te ha parecido?

 - Es difícil de decir, no se parece a nada de lo que ahora entendemos como música, es como...

 - Arcaica, primitiva. No entiendo casi ninguna de las palabras, y pensado asi, es bastante mas razonable que nadie quiera asumir esfuerzos en mantener algo que nunca vaya a poder leerse otra vez.

 - Si, pero también tenia algo de, mística, no sabría como expresarlo.

 - Era rara, ¿verdad?

 - Muy rara.


1


 -You're lucky to been born in a place like this.

 - Why?

 - You have much to learn yet, but dont worry you will have time, plenty of time. When we discovered the secret of aging, people would like to live forever, like a dream and a never fading star and see the history in front of our eyes. But slowly, like the galaxy himself, soner or later, we grow tired.

 - I dont see the relation between this planet and that.

 - Thats why I am here, I am tired, I gave up the life science got me. I've been lonely too long after my father left us. This planet is the kind of planet olding people retire to die. Its lovely, i wonder if it its caracteristics have something to do with the hearth of human being. I dont know why, the green, the water, the sea and the inestable atmosphere, missing in the usual terraformed planets. This one is natural, and yet seems rarely suitable for us. We feel home, even if we didnt been born here, You're lucky to have a place like this called home, and we retiring here is the proof.

 - I see, this is indeed a beatiful palace. Its not like the green cold stone ones, the ones where most people live. I should, but i dont know if I would to really go there. Its a world of decay, where only envy and evil grow.

 - You will, and you will do well. You have to live your life. Make a difference up there, let the life and magic of this place flow through those mazes of metal shroud.

 - You won't be here when i come back, am I right?

 - I fear I wont, but dont be afraid of death like primitives were. No, i dont come here to die but to part ways with death.

 - You were like a father to me.

The old man started to cry, the last in his own legacy. He excused himself, but instead of just hide their tears he cursed himself for not doing this before, and came back with some strange object, never seen in thousands of years.

 - Like if you were my son, i will pass you my deal, the one my father, and his father before him passed away and now vanished from existance.

 - What the hell is that... thing

 - Thats the solution of the problem. My deal used to be a file, now forever lost, in the void of random access memory decay. It contained a song, a really old one, wich, lucky us, i memorized long ago. Its not the original, but adapted to the likes of this object and my dirty old voice, will do the thing. Get ready






 - So, what do you think?

 - Its... like really really strange. I dont know what to say. I cant understand most of the words, and the song itelf its strange, mysterious. Do they talk about the original planet, the primitive times?

 - Maybe. I cant comprehend most of it, like you, I only memorized the sounds. Do you liked it? Im impressed, you can apreciate something that complex and distant from our age. So diferent from today's sounds.

 - Of course I liked it. Play it again! Please!

 - No, its too late, im too old, and the song is too long; and you have an important trip tomorrow

 - Please...

 - I am too tired, sorry. it doesnt matter how many times I play it, I should had teached you this song ages ago, you wont remember it anyway from just one more play.

 - I will remember it! I will always remember it! Just one last time!








 - Woah.

 - Now, go home before your parents start worrying about and blaming me afterwards.

 - One last question.

 - One last time, one last question... Cmon, say it!

 - What does the song mean.

 - I already said I dont know, tho long I though about it when in my youth...

 - Then what do you think, what do you think it does mean?

And then the old man, knowing that it will be maybe the last time that song is heard, talked of or even remembered, looked at his young friend, released at the dark times of the fading galaxy, and saw life. Then, after a brief moment, turned and looked up, and saw in the starry night how all he really knows, and the primitive man also know, that all he ever lived and witness although vast and atemporal; its only a gasp, a single note, lost in the future history of the cosmos.

 - I think, my son. 

I think it is a song of Hope.


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[Vida Sedentaria] Capítulo I


(Recomendación musical para acompañar esta lectura, el disco que he estado escuchando una vez tras otra durante la escritura y edición de la misma)

Apenas llevo veinte minutos sentado y ya debo haber cambiado de postura al menos cinco veces, combinando entre subir, bajar o entrecruzar mis piernas sobre el puf de debajo de la mesa donde tengo el ordenador, y  cambiando el punto sobre el que apoyo el peso de mi espalda, reposándola sobre distintos puntos por debajo de los omoplatos (por mis dolores recurrentes y facilidad de contracción en la musculatura de esa zona) alternando con apoyar todo el peso sobre la pelvis, manteniendo mi columna recta. Anteayer, tras unos días al borde del resfriado en los que fumé como un carretero, justo antes de ir a cenar con unos amigos me tomé un lyrica, el cual recién había probado por primera vez, y una vez allí lo combiné con vino; ya había mezclado fármacos con alcohol, vino tinto también, fueron benzodiacepinas, unas cuantas; bebí con cierta precaución pero el resultado fue óptimo y acabé por casi acabarme la botella, fue un colocón limpio y muy agradable. Esta vez estaba siendo muy diferente, las dosis eran ridículas en comparación, pero estaba obviando el factor refriado; cada calada que le atestaba a un porro me debilitaba un poco más, haciéndole más fácil su función al virus que tenía sobre mí, esperando un momento de flaqueza para actuar; cada trago de vino intensificaba mi recién aparecido y ligero dolor de cabeza a la vez que me embriagaba e intensificaba el efecto del lyrica, colocándome bien vamos.

El asunto terminó temprano, a las doce estaba en casa y nada más sentarme dónde permanezco ahora, fui consciente de que iba más ciego de lo que pensaba, apenas tenía recuerdo de lo que acababa de pasar, tan solo el de alguna conversación, pero no de imágenes y entonces me asaltó la duda de hasta qué punto era agradable y hasta dónde llegaba el malestar, ante esa duda, como no, me lié y encendí un canuto; me ayudó a no enterarme de qué me estaba pasando pero evidentemente empeoró la situación, tenía la nariz taponada y me dolía, la mucosidad me provocaba una fuerte presión en los tímpanos, especialmente en el derecho. Pasé un rato charlando con mi hermano y al estar de vuelta aquí, mi escritorio, reanudé el fumeteo y estuve hablando con un par de personas por fb, medio que ya nunca uso para eso y hecho de menos. Ya eran las dos, mi estado había empeorado y no tenía nada de sueño; es difícil describir cómo me sentía, ya que la funcionalidad de colocarme aquel día consistía en no sentir, diría que no se parece a otro estado que haya experimentado, era sucio, muy sucio, contaminado, sobrecargado, con un poquito de pesadez y mareo; evidentemente mi modo fumador automático estaba activado así que me acabé ese porro con la falsa sensación de fortaleza que te proporciona el alcohol y entonces me percaté ligeramente de la situación rara y peliaguda en la que me encontraba.





Tras un rato incomodo, sin nada que hacer y viendo que para nada podía fumarme otro porro, decidí que debía dormir para que eso se pasara; pero si pretendía buscar el sueño no lo encontraría, ya me he visto en esas, así que cómo de costumbre engañé a mi cerebro, haciéndole creer que no quería dormir, tumbándome en la cama escuchando música tranquila con la luz encendida; para relajarme un poco, sin pretender dormir y muy atento acerca mi mismo, mi cuerpo, mente y espíritu; permitiéndome ser consciente de "yo" por primera vez ese día. No debía haber pasado mucho desde que el ordenador marcó las tres cuando "sin estar buscándolo" (guiño guiño) me entró sueñecillo, mi cuerpo estaba a gusto y relajado, mi mente seguía enturbiada, y permanecía el dolor de cabeza, pero se adentraba en un estado de somnolencia casi irreversible y en ese momento… ¡PUM! Me levanté, apagué el ordenador, la luz y la estufa y volví a acostarme; ¡la jugada perfecta! No tardé en dormirme.

Para mi desgracia ese mal no había hecho nada más que empezar, y al dormirme le abrí la puerta a la que llevaba días tocando, y que esa noche prácticamente aporreaba.

Apenas recuerdo lo que pasó, fue una de esas experiencias que solo tienen validez en el mundo onírico, tratan conceptos, formas, cuerpos, situaciones, que no existen en la vigilia. Fue terrible, desesperante; me desperté entre las cinco y las seis, y en el mismo instante que fui un pelín consciente todo desapareció. Recuerdo la transcripción que hizo mi cerebro para tratar de entenderlo, simplificando el asunto, desnudándolo, yendo a su estructura, el esqueleto de la experiencia. Me hallaba en un mundo gris oscuro, con tonalidades ocre dorado muy apagado, la extensión de ese mundo no iba más allá de un par de palmos desde mi cara y allí apenas existían cosas, era consciente de mi existencia, pero no de mi vida, mi persona ni absolutamente nada externo a ella, no formulaba ningún tipo de pensamiento, me invadía un malestar indescriptible e inmensurable a lo que se añadía el dolor en mis taponadas fosas nasales, la percepción de que mi oído derecho iba a reventar, y el plato fuerte, una especie de "fuerza mayor" (de la que creo que no era del todo consciente entonces) me mantenía realizando una acción desagradable, que yo deseaba no hacer y que tan sólo duraba dos segundos, de manera continua, sin parar. No tengo ni idea de que era exactamente, pero consistía en una especie de movimiento,rotando mi torso hacia la izquierda, adelantando la parte derecha de mi torso y estirando ligeramente mi brazo derecho; era mucho más que eso, es con lo que me quedé al despertar, pero esa acción provocaba algo de lo que me percataba, y detestaba, sin embargo no podía hacer nada para escapar, era un maldito trabajo en cadena, con una atmósfera tenebrosa, cargada de malas vibraciones; casi como si esa acción creara energía negativa, cómo si Satán me tuviera en su sótano trabajando para enviar energía negativa al mundo, empezando por mí mismo, siendo yo la fuente de esta; ¿he dicho trabajando? Trabajando cómo su esclavo cautivo.




Mientras dormía, aquel era el único mundo que conocía y lo comprendía, dejé de comprenderlo mientras retomaba consciencia y me acercaba a despertarme, que apenas duró varios segundos; todo lo que he usado para describirlo son metáforas, la sensación y el funcionamiento son ese, pero el envoltorio, lo palpable, se desvaneció; y doy gracias por qué así fuera, aunque en estos casos no hay otra.

Estaba despierto en mi cama, con un extraño dolor de cabeza, la clarividencia de que mis cavidades nasales y tímpanos iban a reventar y todo el ambiente allí dentro enturbiado, sucio y penetrante; no tardé ni treinta segundos en salir por piernas. 

Una vez abajo comí algo, me tomé un paracetamol y me senté en el sofá, lideré varias expediciones al pasillo en busca de una manta, explorando el armario dónde solían estar. Finalmente, tras repasar el mismo estante unas cuantas veces, encontré algo y de vuelta al sofá me recubrí con ese cacho de tela. El ambiente allí no era virgen, no me sentía muy cómodo en él, pero estaba libre de esa oscuridad de la que huía, de la que el epicentro ahora era mi habitación. En algo más de media hora empecé a dormirme y noté como se ennegrecía mi alrededor, volviendo aquello de lo que huía, pero con un pequeño esfuerzo lo mantuve a ralla, no le permití entrar y pude descansar.




Al día siguiente me desperté enfermo, con algo de fiebre y muchos mocos, pero pudiendo haber descansado; obligado a pasar al fin un día entero sin consumir marihuana tras casi tres semanas empezando a fumar al despertarme y a durmiéndome incluso con el porro en la boca varias veces. 

Ya han pasado dos días y la lucidez que me aporta estar libre de THC me ha llevado a escribir este artículo, facilitándome estructurar frases y ordenar palabras para que tengan algo de sentido; lucidez ofuscada intermitentemente por una sensación proveniente de mi estómago que me pide que me haga un canuto, que fume porros, que permita entrar a la diosa del pasotismo y la atemporalidad, madre del falso bienestar y la inspiración, amiga de la gula y el apalanque, compañera de la apreciación de la música y la excitación sexual pero enemiga declarada de la cordura.

Mientras los anuncios de spotify me obligan a hacer pausas en el escribir, el paracetamol con 37mg de tramadol empieza a hacerme efecto, efecto que queda ofuscado con el fuerte dolor de espalda que me provoca llevar ya un par de horas sentado aquí delante; empezando la que pretendo que se convierta en una serie de escritos dedicados a los beneficios de este estilo de vida, a la atractiva vida del sedentarismo; la que decidí tomar en un punto culminante de mi vida,  hace ya unos cuantos años y que como todas las decisiones que he tomado a lo largo de esta, ha partido de unas condiciones inadecuadas, caracterizadas por decepción, enfado amable hacía mí persona y radicalización y asociación inapropiada de ideas y conceptos. 



Este camino ha penetrado y modificado profundamente todos los aspectos de mi vida, es lo que escogí, lo que identifico con mi persona y lo que hasta no hace demasiado me parecía positivo y lucía orgulloso. Ahora asomo la cabeza sobre el agujero que yo mismo he cavado y una bocanada de aire fresco me inspira y me da fuerzas para salir de aquí, para hacer la paces con mi cuerpo y encontrar el equilibrio entre alma/mente/cuerpo que necesito para poner en orden mi vida y entonces, el placer que siento al estar enterrado bajo tierra se sobrepone y vuelvo a agacharme, siendo arropado por el calor maternal que me otorga la oscuridad; hasta que la evidentes y conocidas consecuencias vuelvan a tomar el control de mi vida, tornándose todo en lo que creo contra mí y obligándome a sacar la cabeza de este maldito agujero, sólo para poco después volver a meterme.

El colocón de tramadol y el dolor de espalda me dificultan seguir escribiendo, he tardado prácticamente lo mismo en escribir los dos últimos parágrafos que la resta del texto. Principalmente ya no escribo nunca porque cuando voy fumado me cuesta mucho concentrarme tanto en leer como escribir, a lo que se le suma que no hay una jodida postura en la que pueda hacerlo de manera cómoda, a lo que se le vuelve a sumar que el fumar empeora mis dolores musculares acelerando la aparición del dolor de espalda una vez sentado en esta silla; nunca ha entrado en mis planes permanecer mucho en este estado, pero llevo dos años ya, sin embargo esta iniciativa no aparece para devolverme a la luz o retomar mi percepción de mi mismo cómo escritor, sólo quiero retratar los beneficios del estilo de vida sedentario.

Joan Colomo y la locura de los pueblos

Primer movimiento:





Hay dos formas de acercarse a la costa: desde la tierra, o desde la profundidad de las aguas.

Desde la tierra, acercarse al mar tiene algo de instintivo y ancestral; los pueblos del mundo que han crecido pintados de azul recuerdan durante mucho tiempo su profundidad y se encuentran conectados a él. Una imagen de un chico perdura en nuestro inconsciente, uno que durante algunos años va a la playa a jugar y bañarse con su familia y no hacer nada del otro mundo; pero que luego un día se gira y mira al horizonte una vez mas, y sin acabar de comprender, empieza a intuir su poder.

No importa donde me encuentre, estoy desorientado si no se hacia que dirección está el mar. Consecuencias quizás de haber nacido en un pueblo física, espiritual y eternamente dividido entre arriba y abajo. Cuando se esta perdido, aquí hay que tomar todos los caminos que bajan, y al final del descendiente sendero, haya lo que haya tras él, te puedes reagrupar y reorganizar. No es una cuestión de que la posición sea exactamente relevante al problema, la cuestión es que el mar tiene que estar ahí. Los años que me pasé en barcelona no creo que me acercase mas de dos veces en total, pero su presencia y la extraña seguridad de saber donde esta mantenían el sentido al levantarse y encontrarse en una habitación oscura sin ventanas ni casi, puertas.

Todo cambia a las personas.

En este lugar, la vida parece diseñada para ser recordada mas que para ser vivida. Inevitablemente los recuerdos de tu juventud se amontonan alrededor de la arena; el verano, las fiestas de agosto, el hecho de que cuando quedes con una chica y no sepas que hacer con ella acabéis andando hacia abajo, hacia el límite, a la ermita mas alta o el faro mas lejano. Por desgracia no se trata solo de nostalgia, poco a poco ya no es lo mismo, tu no eres el mismo y también el verano, las barrakas y las chicas han cambiado; no solo parecen no ser ya para ti, sino que también se desvanecen ante los demás. La población envejece, y el espíritu lo hace con él.

En formas cambiantes pero efectos parecidos, a lo largo de los tiempos los barcos entrando y saliendo han forjado el carácter de generaciones enteras. La perfecta impredicibilidad, de si ese grupo de pescadores, padres, esposos y abuelos, va a volver nunca de una noche de tormenta; de si los que son tus amigos de siempre se van de un día para otro van a formar parte realmente de tu vida como antes lo habían hecho, de si esa gente que viene en grandes navíos tiene buenas o malas intenciones, de si entre estos turistas va a haber la chica con la que siempre he soñado o habrá el chico soñado para la chica de la que estoy enamorado el resto del año.

Quien seré yo a su lado, aunque brillante en comparación a otro aburrido chico de siempre, frente a lo que puede ofrecer la impredicibilidad de las aguas.

Las condiciones duras forjan afirmaciones fuertes, totalidades y absolutismos; pero el clima cálido y cambiante, no la estabilidad ideológica, crea a la vez personas capaces de alimentarse de grandes, quizás ingentes, cantidades de fuerza. Siempre estamos a un paso, de embarcarnos en un barco que ayer no sabíamos que existía, y partir; donde sea, a cuba, a LA, al otro lado del mar; de cualquier mar. No añoramos la otra orilla, solo queremos salir de esta. Tenemos un reactivo bajo la piel, una posibilidad mantenida en nuestra mente de en cualquier momento, irnos muy lejos. Aunque estemos bien, aunque no ocurra nada. Existe una extraña tendencia a salir de este lugar.

Todas las cosas, también las herederas de la situación geográfica de tu nacimiento afectan a quien eres, aunque creas que no te atañen a ti ni sean miedos reales que condicionen tu pensamiento, aunque nunca hayas perdido nadie en la mar ni temas hacerlo, aunque haga dos años que estás aquí y realmente no hayas ido a ver el mar; la profundidad transciende el contacto directo y el aire transmite las cosas que determinan el carácter de un pueblo. Quien sabe cual es el alcance de su poder. El espíritu etéreo del lugar y los miedos de tus antepasados reposan no en la posición relativa de la estrellas ni necesariamente el contacto directo con el agua; se encuentra en las rocas, en las personas, los caminos, el viento, las formas de los edificios. Podría haberse secado, que nadie se percatase de ello, y seguir en el subconsciente colectivo las consecuencias de su existencia durante siglos y siglos.

¿Estas seguro de que, después de todo, el mar está ahí?

No importa que lo sepas, a veces hay que abandonar la torre de cristal donde los artistas crean y eruditos admiran antigua sabiduría, y desollar al tierra con un azada, amarrar fuerte el arte de estribor, montar un andamio bajo el sol de agosto. y también de vez en cuando hay que ir a ver el mar.

Hay que ir, como el chico que recuerda y mueve medio mundo para volver. Porque aunque sepas todo lo que significa aún lo tienes que sentir, porque tu cuerpo tiene que reconocer el origen de las cosas a un nivel instintivo para que realmente puedas pensar. No hablo de ir a la playa, ni pararte en un mirador aprovechando que vas a otro sitio, no con el coche y dos amigos a fumar porros o lo que sea que os metáis. Solo, aunque esté a cincuenta minutos, andando, una jodida y fría tarde de abril. Te aconsejo decir a la gente donde vas y porque. Alude a teorías conspiratorias y a que en realidad no sabemos nada; Newton era un fraude, Tom Bombadil es el Rey Brujo de Angmar y que los mapas digan que la Costa Brava esta realmente en la costa pueden perfectamente estar mintiendo.

Uno se va acercando, desde cualquier lugar, dejando que el instinto le guíe sin seguir carreteras ni caminos. Atravesarás praderas y campos de arboles perfectamente alineados al lado de grandes vías de circulación. Arboledas salvajes y pequeños turones. Aquí el terreno es accidentado y no encontraras inacabables desiertos donde solo hay arena, ni desfiladeros sobre cañones sobre desnuda roca viva. Te acercarás, después de semanas creciendo esta idea en tu cabeza, sintiendo en tus pulmones el aroma del mar siempre queda un poco mas allá, el destino prometido, el recuerdo idealizado, y veras al fin el horizonte azul tendido sobre una linea de blanco que separa el agua del cielo y te preguntaras quizás que tiene de especial. Pero bajo tus pies no hay una agradable playa turística ni ninguna suave bajada para que puedas tocar el agua y fundirte con lo que has venido desde tan lejos a ver. Te verás sostenido, cinco metros mas arriba, donde ves por primera vez que el verde del camino, los arboles y las flores nacen en realidad de una piedra rojiza, dura y afilada en sus puntas, erosionada pero capaz aún de cortar.

La realidad te da la bienvenida con el repicar violento de las olas y el carácter antes intuido de un mar dócil se desmorona junto las castigadas por el oleaje paredes de los acantilados. Tu contemplas desde la seguridad de las alturas, y puedes ver al final que la sutil frontera entre el mundo cruel y la libertad del océano abierto es insondable mas que aquellos dispuestos a enfrentar a la muerte.



Aquí el viento es mas fuerte, sientes que no puedes estar aquí parado mucho tiempo o te vas a congelar, pues una chaqueta abierta y pantalones largos, suficientes para cualquier otro sitio a muchos kilómetros a la redonda, no son suficientes. Sientes que cuando te marches no vas a volver en mucho tiempo, pero te sabe a vacío, a que has venido a hacer algo mas. ¿Vas intentar, ya que estas aquí, alcanzar las aguas? ¿Vas a descender penosamente por el camino que te parezca mas accesible? Nunca te lo has planteado, ni quieres, ni tiene ningún sentido; pero tienes el abismo a literalmente un paso mas adelante. ¿Pero porque deberías hacer algo así? ¿Intentas demostrar a alguien que porque puedes? No. Te vas a quedar de pie, mirando el horizonte, pensando en tus mierdas. Harás bien. Esto no es dover, querido eric, aquí los acantilados tienen algo, que parece conducir a la locura.

A los hombres que fijamente, al viento, al mar, y a las cumbres borrascosas.








Segundo movimiento:


Hay dos formas de acercarse a la costa: desde la tierra, o desde la profundidad de las aguas.

Desde la profundidad de las aguas, el sol brilla con fuerza sobre el mar, ilumina los pueblos bendecidos con sus playas, sus calas de piedra, los arboles de los acantilados a dos metros del agua; el aire es limpio y el mañana parece prometedor, y en la lejanía se distingue una figura sobre las rocas: es Joan Colomo, vestido todo de blanco, con el pecho al aire y gafas de sol retro; tocando la guitarra sobre las rocas de Begur.








Todo lo que mantengo ahora lo voy a cambiar después



todo lo que parece cierto incierto es lo que va a parecer

todo lo que estoy diciendo te lo voy a decir del revés 

todo lo que podría ser no es para nada lo que va a ser.




¿A que viene esto? ¿Que pinta aquí Colomo, a quien ya habíamos dado por olvidado, vestido de Julio Iglesias, haciendo paridas por el pueblo?

No se trata de una parodia de los videoclips de los artistas nacionales que durante los sesenta se grababan vestidos de dandis y vendían a una España franquista y cerrada su propia versión de las playas paradisíacas del caribe a una población empobrecida y decadente. No, es mejor. Es uno de ellos. Uno de esos extraños casos donde la parodia-homenaje transciende la critica y se convierte en el máximo exponente de lo que imita. Ese videoclip es el Quijote de los vídeos rancios con el mediterráneo, y la costa brava, de fondo a modo de edén de pacotilla.

En cierta secuencia, la cámara inicia un plano corto con él, y nuestra vista esta fijada; pero luego el plano se aleja, y en algún momento, que difiere para cada uno, nos damos cuenta de que todo a lo que estábamos fijados con la vista y con el alma; ideas, pareja, trabajo, nino bravo y el indio flautista es en realidad nada comparado con un fondo de el mar en movimiento, imperecedero, que se ríe de nuestra escala del tiempo y que hace ya rato se ve en pantalla que es en realidad lo que ocupa la gran inmensidad en la escena.

Unos locales, de fondo, durante toda la cinta, representan en total armonía y paz lo que podría ser la misma danza de la vida. Hipnotizan, puedes ver el vídeo sin casi prestarles atención un par de veces, y luego diez veces mas simplemente contemplando lo que hacen ellos, queriendo mas, y mas, de esa danza desconocida y extrañamente atrayente. ¿Lo entendéis? ¿Entendéis lo que significan? Esos somos nosotros, despreocupados y celebrando la vida con buena comida y buen vino, así es como nos vemos desde la profundidad. Realizando apaciblemente nuestra danza ritual, sea cual sea, ofreciendo nuestras chicas en sostenedores hechos con cocos y nuestra comida con platos de barro y coronas de flores. Raramente van a aparecer perdidos fuera de posición mirando el mar desde acantilados, porque cuando hacemos eso estamos ya fuera del cuadro.

Un mundo en el que nuestra identidad es ser un producto para el gran gigante. Vendemos recuerdos a otros, y por el rebote del destino recuerdos es lo que somos, y bajo el miedo de la futura y cierta nostalgia vivimos.

Quizás no sea tan raro después de todo, tener la necesidad de salir de este lugar.

En la tierra prometida, no somos los primeros que crecemos en la ambición secreta de abandonar el paraíso. Cerca del mar, con las ideas de siglos preconcebidas sobre su romanticismo, tienes la sensación de estar viviendo para recordar después, y aunque sean malos momentos, temes la futura nostalgia que sabes vas a sentir por estos días. La nostalgia inunda cada uno de los rincones de esta ciudad. Sabes que vas a volver, por mucha fuerza por muy total, inamovible, haya sido tu decisión de no hacerlo nunca.

Derrotados, nosotros volvimos y nos vemos atados, incapaces de dar un paso mas; pero mas que un consuelo para nuestra caída, las aguas, los caminos, el cielo azul, la juventud, el sol brillante y la belleza de estas tierras es un irónico castigo por el pecado, y el deseo, de haber querido marchar de este lugar y aún no haberlo conseguido.

Sin ningún remordimiento, de la noche al día olvidamos y relegamos al pasado a Joan Colomo cuando sacó un disco que llevábamos meses esperando. De ser un héroe para nuestra pequeña generación y sonar en cada fiesta, cada noche en skull, de ser cantado sin necesidad de siquiera alcohol drogas ni oportunidad y símbolo de nuestra misma existencia como comunidad. De hablar con cristian acerca de entrevistarle para random local guys y tener que contar a alguien cada vez que nos lo cruzábamos por el raval. Pasamos meses sin mencionar su nombre. Sin decir una palabra ni siquiera mencionar que el disco no nos había gustado; simplemente desapareció de nuestras vidas. Lo aceptamos sin darnos cuenta, como un paso mas, natural e inevitable, que no había ni que hablar para entender, ligado a nuestra propia transición personal. Quizás no era ni culpa del disco, que aunque no nos hubiese gustado no tendría que haber como para desterrar al olvido a él y todo lo que había en otros días significado, quizás era porque era una de esas preciosas y únicas ocasiones en la vida que puedes renunciar a un ideal y echarle la culpa a la persona detrás, en vez de a ti mismo. Pues la mayoría de nuestros ídolos están ya muertos y su historia por lo tanto escrita; todo cambio relevante a su estatus significaría sin lugar a dudas una necesidad propia de liberación, quizás una idea demasiado pesada para alguien intentando ser libre de la carga de su propia existencia.

Un día, sin previo aviso, volviste a nosotros; y en los tres minutos que dura el vídeo el proceso de meses de desvincularte de tu figura y tu ideal desapareció. Pasé después una semana entera escuchando exclusivamente esta canción y otra luego mirando vídeos y escuchando viejos himnos recuperando el tiempo perdido en nuestra relación como si simplemente fuésemos dos amigos que se han distanciado y ahora vuelto a encontrar, sin rabia, sin enojo, sin proceso traumático. Pero ambos sabemos que no es así.

Me da rabia que hayamos sido después de todo incapaces de librarnos de ti.

¿Resulta la tendencia familiar?

La locura de los pueblos esta forjada por su historia, y también por la tierra en la que viven. Lo mismo que la imprediciblidad del mar y el efímero de la totalidad son endémicos a la masa de agua informe que llamamos el mediterráneo; cada pueblo de este mundo, esté en despeñaperros o shangai, encuentra su locura en algún lugar. Quizás los pueblos de las estepas, y de las tierra de inacabables campos de arroz ven su vida sin fronteras y ahí reside su locura, no menor que la nuestra; con el mundo y tiempo extendiéndose sin fin en todas direcciones por igual, en vez de únicamente hacia el otro lado del horizonte azul.

Una violenta linea de fuego pinta el mar al atardecer, Joan Colomo ya se ha ido, momento en el que sabes que has estado perdiendo el tiempo junto a un estúpido acantilado pensando tonterías (otra vez): en realidad no hay nada de malo con las cosas que haces, la vida esta llena de todo por lo que has luchado, hay cosas que crees, cosas que te gustan y cosas que no; pero el mundo no es tan radical. No quieres cruzar el mar en ninguna dirección, ni en particular ni en general. Los pueblos pueden tener carácter, pero en realidad no es tan definitivo ni tan importante, pues en todos lados hay buena gente y gente mala; y lo importante son las personas y al final las decisiones que cambian nuestra vida las tomamos nosotros.

La experiencia ha estado bien, pero ahora tienes que volver a casa; y pese a que en la vida real no hay música y no siempre es un remake de los sesenta, seguir con la danza ritual.





Joan Colomo y la locura de los pueblos

los acantilados de la locura

the decay of western civilization part 4/?




La Libertad




Me encantaría reducir su poder, tachar su idealismo como un invento de la industria audiovisual, de su romanticismo ser una perversión ideológica para justificar los nacionalismos y de simplemente usar la palabra de sobrevalorado el concepto mismo de la libertad. Decir que sirve mas para crear finales bonitos que para ser realmente una motivación real humana, y que se usa para acabar justificando la disyuntiva entre el bien y el mal en las historias como una extensión de nuestro obvio y correcto por definición panorama cultural occidental. Pero no puedo. No puedo mas que rendirme ante ella y reconocer que el concepto tiene poder para explicar nuestra realidad, nuestro comportamiento; el insondable misterio del porqué nosotros, simples humanos, vamos a sitios y hacemos cosas, a veces. 

Como concepto es problemático, pues su definición es un sinsentido, y su mayor logro no es ella misma sino el camino que se intuye de su propia existencia, mas allá de las palabras exactas que queremos escoger para nombrarla. Es el que el concepto no es el nombre, el concepto es tan direccional, tan instintivo, tan punto de partida en nuestro comportamiento, que se trata de una preposición. El concepto no es libre, ni es la libertad: es hacia ella.

Aparte de en el final de bravehearth, es común su uso en cualquier situación en que haya una opresión directa y alguien al otro lado a quien tal autoridad no le parezca del todo bien. También se usa como simple medida del tiempo libre, aunque nos podríamos poner finos y decir que en el fondo, todo nuestro tiempo es, por definición, libre. La libertad, vista como el nacimiento de la rebeldía contra la opresión nos trae un mundo de posibilidades que justificar en su nombre. Entonces es donde surgen reclamos por la libertad, golpes de estado, primaveras, carteles de liberación de presos políticos, sentadas en los jardines perfectamente cuidados del rectorado de una universidad del primer mundo y millones de estadounidenses acumulan armas de fuego en sus casas y asesinan con ellos a estudiantes indefensos.

Espera, ¿que? ¿No era esto un oda?

No.

Hell no.

La lucha por la libertad no es simplemente una situación de acción-reacción ante la opresión.

Toda causa política o social que pueda ser involucrada con el concepto de la libertad individual y concretamente puesta en un eslogan es automáticamente legítima en nuestros modernos sistemas de valores occidentales. Es casi una carrera a quién logra primero ligar su causa con el concepto. Tenga lógica o no. Es un poco como las justificaciones históricas de los imperios que ahora estudiamos en los libros de texto y nos convencemos de que somos mas listos y era obvio que disfrazaban sus ansias de poder y grandeza con mandatos divinos. Pero es que ellos se lo creían, igual que nosotros nos creemos los nuestros propios y vamos a ser señalados por neo-niños que nos van a apuntar y reír de nuestra ridícula manía de enmascarar nuestros instintos primarios en complicadas ideologías y juegos de poder. El problema no se solucionará prohibiendo las armas en EE.UU, ni dando una definición precisa de la libertad y tratarla de medirla para decidir entre un abanico de soluciones aquella que contenga mas libertad en sus soluciones. Pues no estoy hablando únicamente de un problema político, hablo de padres e hijos, de parejas, de profesores, de alumnos. Es un problema de fondo, es una situación endémica; una sensación, una agua envenenada desde la que se alimenta no solo nuestro sistema social sino nuestra propia vida y decisiones del día a día se ven involucrados. 

Si algún día me hago famoso, algún imperio dictatorial va a usar mis palabras para justificar atrocidades. Lo presiento.

La palabra en sí no tiene mucho sentido. ¿Es un ente? ¿Un adjetivo? ¿Un recurso infinito? ¿Todo es justificable en su nombre? Tu libertad termina donde empiezan la de los demás. Usamos ese tipo de frases que parecen ciertas cuando nos quedamos sin argumentos con la esperanza de que, mas que de sean ciertas o no, de que contengan algo de significado; pero no lo hacen, la cuestión a redimir continua pendiente de la definición exacta que le demos a libertad y todo el mundo tiende a considerar una que le favorezca personalmente. ¿Es libre alguien que trabaja para conseguir una vida digna? Hay quien podría argumentar que es libre de no hacerlo. ¿Es solo esclava esa persona si solo puede concebir ese modo de vida como el único posible? Los limites de la libertad se encontrarían entonces en la expectación de lo que una vida aceptable significa para la posición social de ese señor.

Es un proceso parecido a la felicidad, y su búsqueda comparte muchas sutilezas; aunque en mi opinión este hecho no signifique mas que una (feliz) casualidad.

Como veis el concepto es mas que problemático de tratar.

Lo que no podemos negar, y es en lo que nos basaremos para lo que queda de escrito sin entrar en detalles sobre su definición, es que nos vemos atraídos sin remedio a movernos hacia aquello que nombramos libertad. En aras de conseguir un recurso y en que futuras acciones puedan ser usadas como apuesta o valor o sitio para nuevas ideas distintas cantidades de libertad, madera, oro y piedra. Pero no somos animales muy listos, acumulamos y destruimos la fuente de nuestros recursos mas valiosos, fallamos al identificar tanto nuestra felicidad futura como sus fuentes, libramos batallas para conseguir cosas que no queremos, complacemos gente que no nos importa, construimos tumbas mas grandes que las casas de los vivos y nos sacudimos y hablamos solos en la oscuridad nuestros peores temores cuando deberíamos estar descansando en los brazos del sueño y sacudimos entonces la mano que se posa en el hombro para salvarnos de ello. Así de estúpidos somos.

No siempre nos damos cuenta de nuestra lucha, de nuestro movimiento, pues es un instinto como la autopreservación. Es direccional porque nos convence andar en una dirección pero no hay dirección concreta a la que ir, porque uno puede estar caminando hacia la libertad siempre recto, dar la vuelta de cuando en cuando, seguir andando, y no estar retrocediendo en ningún momento.

Durante grandes episodios de mi vida, he tratado de huir de la realidad, de rebelarme contra autoridades invisibles y caminar hacia el espejismo de la libertad total de muchas e imaginativas formas, quizás lo he hecho y lo sigo haciendo con tanta convicción que en algún momento me he evadido de ello; pero uno no vive rodeado de drogadictos tanto tiempo sin comprender un par de cosas sobre el poder del autoengaño. En ese proceso, muchos de mis caminos pueden ser explicados como luchas hacia la libertad, sin que la libertad, ni sus conquistas, queden muy bien paradas.

Y es que la opresión casi nunca tenemos la gran suerte de que se nos aparezca como una valla metalizada y un par de botas de aspecto militar. A veces tenemos que ir muy lejos para encontrar una alambrada que cumpla nuestras expectativas.

Intenté ser libre de la autoridad inmediata, sin desafiarla totalmente, simplemente evitar la gran mayoría de imposiciones y empezar a actuar como si yo no fuese el objetivo de esas normas y poco a poco las normas y las barreras fueron deshaciéndose como humo a mi alrededor; todo el proceso me llevó un par de semanas y aprender a decir no. 

Intenté ser libre de los medios, de la realidad de los medios que te da un plano donde hay cosas que son importantes y cosas que no. Esa fue fácil. Intenté ser libre de mi tiempo, de los grandes pensamientos omnipresentes, los magnánimos esquemas filosóficos y las ideas intrínsecas a nuestra sociedad. Hasta aquí todo bien.

Luego uno poco a poco se va dando cuenta de que hay cosas mucho mas importantes.

Intenté ser libre de mis profesores, no de sus autoridad, sino de su influencia. Ser libre de los adultos, padres, monitores, policías, cuidadores, abuelos que me habían dado desde mi infancia una explicación del mundo y me habían fundido lentamente en su realidad compartida y aceptada.

Intenté ser libre del tiempo, o mas exactamente de su distribución, de que no me importase el tiempo aceptable para dormir, comer o hacer lo que me gustaba. Las horas, los días, las semanas; se volvían algo etéreo y casi daba risa, las prisas, los coches y las luces de los semáforos. Deseé despertar y no saber que año es. Deseé despertar y que sea de día o sea de noche y eso marque mi carácter mi movimiento y mi vida.

Intenté ser libre de mis héroes de infancia, de los ídolos, de las letras y los libros; de la propia idea del genio, mis virtudes y su insoportable peso.

De la idealización del trabajo, de los tabús, del sexo, de la idea de muerte, de la tecnología, de la no tecnología, de quien amaba deseaba ser libre amando a muchas y que repartiendo su poder no tuviesen poder sobre mi, de los libros que he leído, de mi mismo.

Deseé ser libre y ni me daba cuenta de que estaba en el fondo luchando hacia la libertad. Todas esas cosas tenían sus propios motivos, pero el potencial mayor del concepto para explicarlas es innegable. Intenté ser libre, pero como no era consciente de mi proceso no me había podido hacer la misma pregunta que parece una tontería pero es la reafirmación de mi postura al respecto del concepto y si alguien quiere ir profundo, de mi actitud enfrente la realidad.

¿Libre de qué?

No niego que este instinto me haya mantenido cuerdo durante mucho tiempo. Que me haya enseñado cosas y obligado a moverme cuando tenía que hacerlo. Pero no siempre ha sido así.

Llegado el momento, la necesidad de volver a andar simplemente aparece. 

Puede estar justificada o no, puede ser su dirección adecuada o a alejarte de aquello que mas forma parte de tí precisamente porque no tienes otra referencia de la que huír, aunque suene estupido. La rebeldía innata de tu ser te empuja contra los idolos, a veces actores e impulsores de batallas que ganaron por ti. Pero no les identificas como tales: pues pronto, aunque sin oposición directa, los idolos de las revoluciones del ayer forman parte de una oposición ideológica solo por formar parte o simplemente coexistir con la realidad dominante, ante la que nuestro instinto pese a no tener ningun sentido en la lucha por la libertad nos empuja a cargar contra alguna parte de ella. Si formas parte de ese mundo aunque pasivamente encajado de alguna forma en él, definido en la realidad que ha de ser derrocada a todo precio, vas a caer con ella aunque seas un actor principal de la lucha por los mismos valores que hacia la libertad defiende ahora; no importa si eres un revolucionario sudamericano contra la oposición yankie o un adolescente bohemio deseoso de abandonar casa de tus padres: si no mueres durante la historia siendo un héroe, vas a vivir lo suficiente como para verte convertir en el villano.

Sin mi barrera de contención y campando libre en el campo de trigo sin vallas cerca de un precipicio a diez mil metros de altura, iba en rumbo fijo en alguna dirección fija, lo que aún sin peligro a la vista obviamente conduciría hasta el desastre inevitable de caer al vacío. No importa en que dirección lo hagas, si corres lo suficiente en un mismo sentido al final vas a caer. La pregunta que andaba buscando empieza en porque. ¿Porque ser libre de la música que amo? Ser libre de mis ídolos, de querer ser simplemente feliz, de fundir tu alma con otra, de medir el tiempo, de aceptar una justa imposición a una recompensa necesaria. La libertad, el acto puntual de rebeldía, a veces forma tan parte de nosotros y otras veces nos niega nuestra identidad. No somos dueños de nuestros pensamientos; porque seguimos, a ciegas, en ese altiplano que tanto hemos luchado por conquistar, hacia el espejismo de la libertad.

¿Que voy a hacer, cuando me vea libre del tiempo, de mi pasado y de mi mismo, y descubra que ser libre de todo lo que sentía que me oprimía me ha despojado de todo lo que amaba? ¿Fundirme con el infinito y ascender a los cielos? Nunca el budismo ha sido para mi una gran fuente de inspiración.

¿Quien nos hace libres de la idea de la libertad? ¿Que ocurre cuando es la libertad el héroe convertido en tirano? Ese instinto primario, que del mismo modo que es glorificado como la quintaesencia del espíritu humano y nos permite con su fuerza arrolladora no permitir ser encerrados en una jaula; por su otro filo nos humilla, nos empuja a horizontes desconocidos sin que hayamos aún terminado aquello que habíamos venido a hacer aquí.

De golpe algo debe ser hecho, de golpe, porque si, ahora ya nada esta bien. Debo ser libre, de este instante, debo escapar, tengo que salir de este lugar.

Y respirar, en la cumbre de la montaña, después de subir kilómetros de una canal de piedras de cristal y tras cruzar el vasto campo de heno, estamos en delante del precipicio mucho tiempo después mirando al lejano mar, sonrientes, contentos del mundo conquistado que se extiende ante nuestra vista.

Cuanto tiempo hasta que la lucha por la libertad envenene sus raíces, y nos empecemos a plantear saltar de la cumbre para ser libres del miedo a caer de ella.




Titulos alternativos:

The decay of western civilization part 3/?

The Secret Society en Barcelona 2/2

[Capitulo 16] Raider II




El eco de mis pisadas era devuelto con truenos de una joven tempestad que iluminaban la estancia en intervalos cortos pero suficientes para contemplar su magnitud. Era una sola sala completamente vacía que ocupaba la totalidad de la nave, fría, metálica y serena. Este no era un sitio normal, o quizás sí, pero tenía la cualidad de hacerme preguntar porque había terminado precisamente en este sitio, en esta noche; repasar los exactos pasos y advenimientos que habían terminado conmigo en este preciso lugar del mundo. Pero solo oía la lluvia crujir, contra el techo de aluminio, repicar rítmicamente, y acompañar un frío mucho más físico que el de la falta de noche o el de mis manos nerviosas y adoloridas. Me sentía desprotegido, perseguido, mucho más perseguido que cuando tenia esos moteros a cinco metros cruzando puentes sostenidos a más de cien kilómetros por hora. ¿Era así, como se sentía, ser perseguido cuando no eres Kavinsky y tu mundo no es la noche?

Sentía que yo no tenía que estar ahí, sentía que era una trampa, y que detrás de algún aparato industrial, o de una inocente mesa de madera, o de una columna lateral para sostener el peso del edificio, alguien saldría me apuntaría y me ejecutaría. Quizás la sensación era más profunda aún que el miedo a una trampa, quizás era más el sitio que yo, quizás ese sitio era de alguien que escondía algo terrible o que no quería que nadie estuviese ahí, y yo entonces podría decir que solo trataba de esconderme y escapar. Sé que desvarío, sé que la paranoia va en aumento y la mano derecha me vuelve a latir por propia voluntad. Avancé, oyendo solo el sonido de mis propios pasos, dudando a cada uno si su eco eran pasos a mis espaldas. La presión era insoportable.

Pero yo era más fuerte, y continué unos pasos más.

A la distancia, vi un objeto extrañamente familiar. Había un cuadro, con un marco antiguo, alto como una persona, de pie al fondo de la nave. Ese objeto de pintaba nada ahí. Estaba, fuera de lugar. Y sin embargo, ahí estaba. Era un ángel con unos ojos terribles que durante un segundo todo me hicieron olvidar sobre Takahashi, Sheena, Raider, la noche, mis perseguidores y mi mano derecha.

La miré, y estaba completamente normal, como siempre había estado. No había herida, ni enfermedad, ni rastro de que nada le hubiese pasado fuera de lo normal. Junto a eso, tampoco había ningún cuadro, y me sentí perdido, no perdido como un niño en un supermercado sin encontrar a su madre, sino, como lo diría; en mayor magnitud, perdido como el silvido del pacífico en las lunas de saturno. No sabía qué hacía ahí, sabía que acababa de hacer algo terrible. Sabía que tenía que correr, y temer, porque a veces hay que temer las cosas adecuadas; y una vez más la luz de un relámpago iluminó toda la sala, vacía, silenciosa, enorme y terrible.

El viento y la lluvia me golpearon mucho más fuerte de lo que esperaba, pero resistí estoicamente su embestida, sabiendo que algo mucho peor estaba por llegar. Subí de un salto a la parte enfrentada a la fachada de la nave del muro donde había descansado minutos antes, cuando aun estando escapando, herido y sin noche; la vida era mucho más sencilla. Cinco motos negras una al lado de la otra rompían la línea del horizonte que lleva de vuelta al centro de la ciudad.

 Raider.

Era una visto terrorífica, digna de leyenda, pero pese a eso, me permití el lujo de gastar unos gramos de arena de mi precioso tiempo en alzar la cabeza y cerrar al mismo tiempo los ojos lentamente y sentir a mi alrededor, en las manos, en los hombros, en el repicar del acero, la lluvia, la tormenta y el viento en todo su esplendor. Y en el momento de máxima desesperación, de entre las cinco espadas y la pared, de yo con la muerte detrás; volvió la noche, y con ella, volvió Kavinsky.

Pronto, el paisaje desatado de los suburbios se transformó, dejando una estela de humo y rueda quemada, en cuidadas carreteras que eran equivalentes redes neuronales de comunicación de la ciudad a las nuestras propias, destellando entre ellas no como viajeros veloces sino como impulsos eléctricos. Íbamos tan rápido, que veía sitios en los que no estábamos. ¿Sabes cuando tienes un lugar al que ir y puedes visualizarlo tan claramente en el camino que te parece estar a la vuelta de cada camino pese estar a kilómetros de distancia? Yo veía acantilados escarpados, castigados en su base por la persistente espuma de las olas. Veía las montañas en la distancia, y segundos después estaba en ellas, subiendo esa pieza de atrezo de nuestra vida en la ciudad. Las luces de neón, a los lados del túnel de la cincuenta y dos, se fundían en un continuo que luego se volvía a separar al salir a cielo abierto, para ser espíritus luminosos que te marcan el camino, te cuidan, y te devuelven a casa sano y salvo.

Nunca había visto una noche tan esplendida como esa, y podría pasarme horas describiendo cada segundo, cada niño mirando desde la ventana trasera del coche. Me pregunto que vería, entre la oscuridad, la carretera, la lluvia, los relámpagos y las motos negras. ¿Vería él el mismo cielo que yo veo, me vería como un loco, como un criminal, como el líder de esos otros chicos que me acompañan muy lejos, ignorando el mal del mundo?

No sé cuánto duró. No sé cuándo perdí la noción el tiempo y el espacio. Sheena. Takahashi. Mi Honda. Mis padres. Todo se fue acumulando en mi cabeza, no para ser pensado, sino para ser olvidado. Toda mi vida, pendía de la punta de los dedos de la mano de alguien tendida hacia el sol preparando para liberar toda su gloria; era rápido, era frágil, era una sombra danzando entre estatuas de mármol y piedra que solo podían mirar, ni siquiera comprender, la magnificencia de lo que estaba aquí ocurriendo.

Entramos en otro túnel, y sentí que me fallaban las fuerzas, y que la moto negra recién adquirida, ya mi eterna compañera, no iba a aguantar más. Al salir de él, las cinco Yamahas se desplegaron a mi espalda en línea, tal y como habían venido, como un ave imperial desplegando sus alas antes de descender sobre su presa, deteniendo el tiempo en el aire, para observar la belleza de su movimiento, la magnificencia y su noble transición en el segador.

Me sentí frágil. Me sentí mortal.

Llovía cada vez más fuerte, y cinco jinetes en sus bestias negras me perseguían como a uno le persiguen en los sueños; en cada rincón, detrás de cada curva, en cada casa y en casa país. Detrás de cinco años de tu vida intentándolos huir, al volver a casa con tu familia; te los encuentras en tu jardín, sentados con sus armas en la mesita de roble que hiciste con tus propias manos, recordándote quien eres y de cómo en el fondo pese todo este tiempo les perteneces a ellos. Al mundo. Al miedo. La persecución se extendió más allá de las luces y limitaciones del camino. Era una lucha mental, una supervivencia a golpe de ruido de maquinaria y hierro contra hierro. Conseguía librarme de uno, de dos, de tres. Y aparecían en otro cruce, dos kilómetros mas allá, desde otra dirección, desde donde solo se puede llegar dando vueltas a la roca y al cemento durante siete. El viento silbaba a mis oídos, el agua aumentaba la prisa en la carrera y disimulaba la adrenalina y el fuego de mi cuerpo; helada, cortando en diagonal mi rostro como una gran garra y penetrando en mi mente, que a lo largo de una vasta llanura de heno, de vuelta a los techos de relámpagos y el abrazo de los árboles, habiendo atravesado mundos y fronteras, había llegado a una conclusión. Había llegado a lo único que podía hacer. Finalmente lo había comprendido todo. 

Frené derrapando hasta dejar la moto en perfecta posición perpendicular sobre la carretera. Las Yamahas se detuvieron a dos metros de mí, en línea y sin expresión en sus ojos. Alcé la mano derecha dándoles la espalda, en dirección al incipiente sol, aún sin amanecer, y cerré el puño con decisión. No me he convertido en él. Yo no era él cuando empezó esta historia. Sin embargo, ahora soy. Se trata de ser. Esta era una historia de bandas, mafia japonesa, y tópicos de novela negra. Era.


 - ¿Raider, hacia dónde vamos?

 - Hacia el horizonte.


Intro Musica

[Capitulo 15] Raider I




Raider fue el primero al que siguieron. El que gobernó a otros. Aún a día de hoy todos seguimos su leyenda, su forma de vestir; intentamos seguir su forma de ser. Él es el alma. El la belleza de la noche lo exige. Cosas terribles ocurrieron con esa frase, más poderosa que una generación de jóvenes riders sin objetivo, más presente que el viento. No hay representaciones, no tiene pasado, incluso para nosotros es un nombre a que tener respeto.

De alguna forma, las otras leyendas son una interpretación de la suya. Una versión en la que te encuentras reinterpretando y homenajeando sus historias anteriores. Dicen que no importa lo que hagas siguiendo la noche, Raider lo ha hecho antes. A su manera, con su estilo; dejando una imprenta reconocible en esa historia, un signo, una marca, sentimiento profundo, un escalofrío o un simple corte en la madera,

Yo no sé qué creer, hay gente que los busca; yo no lo hago, aunque a veces creo haber encontrado alguno. ¿Significa eso que siempre está ahí? Pensé. Y habiendo pensado esto me di cuenta de que estaba pensando en el suelo de un bar atestado de gente. Intenté recordar lo ocurrido, y la sensación de frío irracional en las manos, además del dolor en la derecha, fue lo primero que me hizo recordar. Mis dedos estaban helados, débiles, y me sorprendió que fuesen capaces de agarrar la mesa para intentar levantarme y soportaran mi peso. Probablemente el peor puñetazo en la boja que le había dado al chico del aparcamiento era decirle que había visto algo especial dentro de él, pero un dolor más físico se me agarrotaba aun en la mano, que había dejado definitivamente de tener el desarrollo esperado de una herida normal. La enfermedad se empezaba a extender del dorso de la mano hacia el brazo lentamente, no como un líquido sino como un reloj de arena, deslizando, cada, grano, uno, a, uno.

Ignorando todo a mí alrededor, me agarré con fuerza la muñeca con la otra mano en un intento absurdo de detener aquello y corrí hacia la salida, sin ser consciente de la atención que estaba despertando. Unos hombres corpulentos, con traje de negocios me gritaron, y cometí el error de mirar atrás y luego intentar seguir mi camino. Sus guardaespaldas como quieras llamarles empezaron a seguirme a ritmo creciente, y ahora mi salida era un fuga en toda regla, tumbando bebidas, por encima de las mesas que minutos antes había visto como desconectadas de mi noche. Ahora esa misma gente demasiado ruidosa me gritaba a mí, me agarraba del hombro. Haciendo un último esfuerzo me abrí paso y abandone la sala, dejando a mi espalda la imagen de mi silueta, menos alta que de costumbre, carente de su gracia, dentro del ordenado tapiz de fondo negro con la única fuente de luz de la calle, el viento por todos lados y la simetría perfecta rota por un camino de serpiente de caos y vasos rotos.

Busqué desesperadamente mi moto con la mirada, pues sospechaba que eso no se había terminado ahí y aún me estaba siguiendo. Sin embargo, la noche no estaba conmigo y los problemas solo acababan de empezar. Se abrió la puerta a mis espaldas esos tipos corrieron hacia mí, salté hacia la moto más cercana de pura intuición y salí de ese lugar en la misma dirección en la que había llegado, pero con cinco motoristas de distintos colores, uniformes y motos a mis espaldas a toda velocidad.

Pasé por las mismas calles en los mismos planos de fotografía con los que llegué, las escenas eran iguales, pero esta vez las parejas, y parejas de parejas de ojos de los rellanos, rincones oscuros y parques sin iluminación, tan seguros de todo a mi llegada, tan vigilantes, se levantaban al verme pasar como una bala en las silenciosas calles de casas pintadas de colores alegres ahora desgastados símbolo de las olvidadas teorías de cristales rotos. Ahora no parecían tan seguros. Ahora esos ojos eran de caras ocultas bajo la gorra de una sudadera, de hombres muy jóvenes con caras pálidas con la mirada de la niñez aun palpitando bajo su decisión. Tenían golpes y magulladuras, las manos vendadas o con signos de violencia o auto violencia reciente. Ellos eran lo que son, lo que la vida y la gente como yo les habíamos hecho ser, y también lo que habían elegido. Dales tiempo, oh, sí, tiempo, y ya los temerás; los deberíamos temer ahora, quizás por ello hacemos lo que hacemos.

Este es un mundo complicado.

Y entre dos columnas de parejas de ojos, ahora revelándose como una amalgama de niños, jóvenes y riders de pelo corto y ojos profundos; pasé junto a mis perseguidores y otra vez nos perdimos en la distancia de la escena principal.

Todo esto duró unos segundos.

Creo que los he despistado.

Giré a unos suburbios industriales, el mundo entre la ciudad y la vida rural de nuestros antepasados. Uno esperaría que fuese un intermedio entre esas dos distancias, pero lo cierto es que es otra dimensión. Es de donde los ricos se alejan de vivir y el sitio que les hace ricos. Las casas huelen a los tóxicos que las naves y las fábricas emiten sólo cuando el viento puede alejarles de la ciudad. Es donde las luces de neón publicitarias se apagan y viejas farolas de bombillas eléctricas forman lo que muy optimistamente podría llamarse red de alumbrado público. Hay charcos en la desnivelada carretera y silencio reinando el lugar. Aquí no hay nadie, solo yo observando lo triste e incapaz que soy de siquiera dejar atrás unos aficionados cuando no tengo la noche de mi parte. La moto casi echando humo tirada detrás de unos contenedores de metal, y yo tumbado sobre un muro de hormigón, apoyando la espalda a la pared, fumándome un cigarrillo y pensando en la palabra héroe.

La enfermedad sigue emanando desde el núcleo agrietado del dorso de la mano derecha, y ahora ha cubierto hasta las puntas de los dedos y sigue avanzando casi hasta la altura del codo. Sorprendentemente, cada vez me preocupa menos, lo único que se siente un ligero hormigueo, en cambio el frio inherente de la falta de noche que me crece desde dentro, me hace temblar pese a ir bien abrigado y tener el corazón a mil de la persecución.

Oigo un ruido, quizás aún no se han cansado de buscarme y están dando tumbos por toda la zona con la esperanza de que sea lo suficientemente descuidado como para que esos idiotas me descubran. Indefenso es una buena palabra ahora mismo,

Bajé de un salto del muro, y andando con toda tranquilidad, tire el cigarrillo y me fui dirección a la entrada de la nave industrial, cuya puerta de metal estaba ya entreabierta y se deslizó grácilmente, sin hacer ruido, dando paso al otro lado que antes con la puerta cerrada era inaccesible, pudiendo ir con la puerta abierta más allá del mundo accesible antes de ser abierta; porque eso es lo que hacen las puertas.

¿No entiendes porque estoy diciendo esto? Pues prepárate.

Entré, cerré la puerta a mi espalda y no fue hasta entonces que me percaté del extraordinario y profundo silencio que gobernaba el lugar, mucho más denso, mucho más frio más profundo, que el silencio en el que había vivido toda mi vida. Era enorme.

Intro Musica

[Capitulo 14] Neo




Dicen que Neo fue el primero. Cuentan, que él llegó a este mundo de otro distinto y trajo con él la noche, que su voluntad podía cambiar cosas. Dicen que no recuerda su pasado, que solo vaga de ciudad en ciudad, buscando la suya. La leyenda de Neo es una cosa, pero su personificación en un motorista negro y que ahora trabaje para una familia mafiosa es otra.

La leyenda la ha oído todo el mundo, aunque no sea de la noche, y es que a mí me la contó mi padre; hay inscripciones y murales que tienen su propia leyenda en diferentes ciudades del mundo escenificando Neo en paisajes imposibles, con catorce compañeros, con su navaja bajo la túnica.

Aunque el mundo no se divide entre leyendas e historias de verdad no me creo casi nada de las cosas que oí en Waterfall’s, tampoco sé que creer sobre la leyenda, y es que cuando miro a la carretera, cuando tengo la cabeza nublada y los pulmones atascados y el nudo de que mi vida va a cambiar justo en la boca del estómago, es imposible pensar que pueda haber uno. Que pueda existir el primer rider, que un dios de la noche pueda vivir tanto tiempo sin ser al final la serpiente que da de morder. Que pueda haber existido antes un mundo donde nadie mirase esas vías, se maravillase de la velocidad, del aire azotando, de las luces, milimétricamente separadas. Me parece imposible.

Detrás de cada curva, de cada calle atravesada, se extiende otro camino, y otro, y otro; sin final. Eres solo tú. Yo recuerdo el día de mi elección, y a mi madre llorar, a mi familia desvanecerse de mi vida. Yo no soy Neo, pero quizás todos somos, en cierto modo, el primer y solitario rider. ¿Cómo se atreve a hacerse llamar así? ¿A comandar bajo ese título los sin rumbo? ¿Como? Son gente oscura, profundos, perseguidores incansables. Quizás ni yo podría escapar de ellos, mucho menos ordenarles nada.

Poco importaban las preguntas sin respuesta, ya no era el trabajo lo que me movía ahora, era la noche, Y con la noche a mis espaldas, hice rugir mi honda roja sangre para salir hacia el horizonte con un destello seguido de un agudo relampagueo que se perdió en la lejanía.

¿Me adentré en calles que se no debo cruzar, saben ellas que no soy uno de ellos? A cada una de esas calles, en cada rellano o ángulo de aparcamiento rezagado de la intemperie, parejas de ojos miraban cruzar a todo aquello que necesitase tanto pasar por ahí que signifique que algo está ocurriendo, pues no hay otra razón por estar aquí más que la de una razón más grande. Normalmente no quieres llamar la atención, y ser lo que está ocurriendo es precisamente lo contrario a ello, pero no puedo simplemente pasar andando, tampoco sería lógico esconder mis intenciones, entrar en el bar, hacer el intercambio y salir de ahí sin más. Si así fuesen como se hacen las cosas, entonces habría gorilas en las puertas, muros en los territorios, una bala entre mis cejas ahora mismo. Son las normas del juego.

Símbolos y elementos tradicionales iban en aumento conforme me adentraba más y más en la ciudad. Los ojos expectantes ahora eran sustituidos por un paréntesis de actividad y relativa normalidad en las más transcurridas calles centrales; gente conviviendo conversando y paseando en un distorsionado imagen espejo de la vida durante el día; vestían ropas extrañas, hierros y dilataciones en sus rostros. Botas de hierro y camisetas de grupos de música extranjeros. Turistas.

La luz de los carteles de comercios, bares y publicidad convivían con los balcones y las plantas sobresaturando el paisaje, cubriendo las paredes de las casas y siendo sostenidos sobre nuestras cabezas, ocultando a contraluz la verdadera noche detrás. Bajo ese manto de oscuro y claro, la espesura de la selva se alargaba como una maraña hacia las calles interiores, hacia la densidad y la profunda cueva; un retorno histórico al abrazo de las grutas que daban cobijo a la humanidad, donde encendíamos fuego y nos sentíamos seguros de noche. La imagen reflejada del día se volvía retorcida, asfixiante y tóxica cuanto mas adentro, y con las estrellas, ya invisibles, no podemos fingir más que en ellas se lee el destino. Ojos en sutil sangre de no dormir, necesarias gafas oscuras en interior y una seriedad en el ambiente. Un ir haciendo dentro de las historias. Paradas de frutas abiertas con todo el género a altas horas de la madrugada, hervidero de otros negocios, pero a veces solo eso; a veces solo una tienda de frutas, un restaurante vacío pero abierto, un herbolisteria. Sus dueños, con la necesidad, bajo la selva; con la necesidad de una continuidad, temerosos de que al cerrar los ojos todo el mundo conocido desparezca. El mundo trastorna a lo que no están preparados.

Aún me duele la mano. Es definitivamente, raro. No debería. Se me estaba amoratando, ¿me habría roto algo? No lo parecía, pero lo que parecía era más raro aún; había un color rojo bajo su superficie, como si eso causase el daño que se iba extendiendo. Era como, una grieta, parecía dañada desde dentro.

La sacudí y continué mi camino, saliendo a partes mas abiertas al cielo; el camino marcado ahora por líneas paralelas de motos de todos los colores, sobre un fondo de muro blanco con refinados ornamentos de olas y mareas en la parte de arriba. No iba a aparcar mi moto como una más, aunque fuese una directa provocación, aunque me conviniese pasar desapercibido. Quizás intentar pasar desapercibido me hubiese delatado, pero eso ya nunca lo sabremos. Me baje apoyando mi peso en mi mano derecha, y por poco me saca un chillido de dolor, iba a más y decidí esconder las manos en los bolsillos mientras flanqueaba líneas paralelas de columnas talladas en madera y entraba a esa estancia con aires de palacio imperial.

En realidad, pese a sus aires, pese a su presunta elevación en la escala social, este bar funcionaba igual que Waterfall's; el mismo tipo de gente, haciendo unas mismas funciones sociales, bebiendo alcohol bajo el abrazo de una supuesta protección; en este caso la del jefe de los Hiroka, el mismo que eludo por temor a la muerte, a la boca del mismo al cual estoy. Entré, entré como los tipos como yo entran en los sitios. Quizás nadie estaba mirando, y eso puede ser parte del encanto de una entrada perfecta. Mirando en mi dirección, verías un gran lienzo negro que es la pared de la fachada desde dentro, con la entrada de luz única de la calle, en otro plano, en el que hace viento, en el que estoy yo, marcada la silueta por una fina línea de luz que reseña los colores como lo pintaría un niño con colores de madera y brillantes rotuladores nuevos. Cuando yo entro, el viento entra conmigo y ahora afuera es adentro.

A cámara lenta, con el corazón a mil y la sangre de la mano herida también batiendo a su mismo ritmo, sé que debo aparentar tranquilidad, escuchando una música que solo yo puedo oír con esos desgraciados bebiendo y manchando de vino las mesas, jóvenes en silencio y la mirada perdida, jovencitas chillando más de lo necesario junto a grandes tipos que no hacen presagiar nada nuevo y probablemente se habrán follado años atrás a sus madres antes que a ellas. Con todo ese panorama, sin paranoia pero consciente de donde estoy pido algo para beber y voy a la única mesa libre que queda, y antes de poderme sentar un segundo con tranquilidad, sé que me están observando.

La mirada de un motorista oscuro desde la otra punta de la sala se clava en mi dirección, en mi mano, en mi frente, en la mancha de sangre de mi chaqueta, en mi paquete de cigarrillos, y yo soy ni siquiera capaz de ver su rostro con claridad, donde debieran estar sus ojos hay dos sombras, y no hay nada en su rostros que especifique ninguna intención, ni nada en su ropa que signifique nada, ni siquiera sé si me está mirando, empiezo a sudar, estoy seguro, ahora caigo, es uno de ellos.

La imagen de Sheena cruza mi mente.


 - ¿Cómo tú por aquí, Kavinsky?



Casi me había olvidado de la misión. Hasta casi me olvido de que yo de hecho dudaba que la misión fuese tal, pero la presencia de aquel chico nervioso, estilizado, occidental, nerd con gafas de gestos exagerado, y mucho más noche en sus espaldas de lo que parece de hecho confirmaba que la misión existía, se despresurizó la sala y el motorista oscuro despareció de la escena. Hicimos el intercambio, me relajé dentro de lo que los tipos como yo se pueden relajar y la noche que solo yo podía oír, el alma de mi historia, cambió a algo que no había oído nunca. Al principio era suave, complaciente y habitual acompañando mi paso por la gran noche de todos, pero luego, me subió por la mano agrietada una vibración incesante como de una valla de metal, incitando, intuyendo que debía ir a más; acompañando el instinto de otro momento y otro mundo, que justamente ahora debía estar haciendo algo increíble y rugiendo en carreteras perdidas de una ciudad abandonada sin luces y monumentos arenosos a medio destruir, pero a mi alrededor la noche no tenía nada que ver con ese sentimiento y por un momento creí que era yo que debía hacer algo, que había estado a punto de hacer algo toda la noche y esa era la conclusión y estaba perdiendo eso tan obvio e importante. Mi alrededor seguía en desconexión con esa noche, que iba subiendo a nueva cotas: perfecta, rápida y cambiante como una tormenta, como pinchazos en el paladar del mismísimo y olvidado cielo azul.

Y por primera vez en mucho más tiempo del que puedo recordar, la noche se apagó en mí.

Cosas horribles ocurren cuando la noche se apaga y tú no estás en el lugar correcto. Muchos la alargan más de lo que deberían, y sufren las consecuencias; muchos son testarudos e intentan vivir la noche que creen que merecen en vez de la que se les ha dado.

No me podía creer que se hubiese ido, miré a mi alrededor y la vista se distorsionaba, mi mano desprendía luz, la cara del motorista negra me sonreía desde las caras de todos los presentes, sobrenaturalmente cubiertos sus ojos de luz en ángulos donde la luz debería llegar. Tengo que salir de este lugar.